sábado, agosto 24

Condimentos (Cinco)

Le tocaba cocinar a Manu. Hacía frío y era de noche.

ÉL: -¡Uia, no hay harina para los scones!
YO (siempre tan simpática): -Y andá a comprar entonces... ¡Dah!
ÉL: -Es que no se ve nada y el camino está lleno de perros.
YO: -Bueno… ¡vamos entonces! Pero si no nos cruzamos con ninguno me debés una lavada de platos, ¿eh?
ÉL: -¿Qué? No, ni loco. No vamos entonces.
YO (deseando esos scones): -Era mentira, che. Dale, abrigate y salimos.

Estaba oscuro. Se lo reconozco. Había perros y ladraban, claro. 
Cuando llegamos al negocio tcamos el timbre y nos atendió ese chico que a veces me cae bien y a veces no. Pedimos un kilo de harina. Agarró una bolsita y se fué para adentro. Nos dejó solos en el negocio.

YO (no, no soy criminal): -Manu, ¡(afanáte) robáte algo!
ÉL (observa y ¿piensa?): -Eeeh... ¡los condimentos!

Claro, elegía tres miserables bolsitas de condimento teniendo un negocio entero lleno de gaseosas y dulce de leche. Tenía que ser mi hermano.

YO: -Nunca otra cosa, ¿no?
ÉL: -Bueno, mirá si es el fin del mundo.
YO: -Sí Manu, lo que digas.
ÉL: -No, en serio, mirá si me tuvieras solo a mí y al condimento. ¿Cuál elegirías?
YO: -Y... no sé.
ÉL: -Imagináte que estuvieramos en un precipicio. Dale, tenés que elegir uno.
YO: -¿Y qué se supone que hacía el condimento en un precipicio? 

Me río. Bastante. Me imagino la bolsita transparente temblando arriba, y abajo las olas chocando contra las piedras grises. Hasta escucho al viento también. Se lo digo. También se ríe.

ÉL: -Bueno che, no sé, pero mirá si los dos pesaramos igual y tuvieras que solta alguno.
YO: -¡Que vivo!, te acabás de sacar unos cuantos kilos porque sería imposible que pesaran lo mismo. 
ÉL: -...
YO (simpática de nuevo): -Creo que me quedaría con la bolsita de condimento.

El chico del negocio (¿negociero?) terminó de buscar la harina en su megabolsa y nos miró con cara de haberse cansado de nosotros. Le erró varias veces con la balanza. Crueles, nos reímos porque además nos acordabamos del condimento. Después nos fuimos. Un perrito insignificante nos persiguió y Manu dijo que estaba por mordernos. Cuando llegamos nos olvidamos de todo. Bah... no, mentira. Como está escrito acá puedo releerlo cuantas veces quiera, ¿no?

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Avanti!