sábado, diciembre 21

Almendras, diamantes y arañas muertas.

Los días van comiendo pedazos de mi vida, como si fueran almendras envasadas. La oportunidad de ser normal, que en un principio fue tan intensa, ahora es algo imposible. Una carta ya enviada que nunca llegó a destino no pudo avisar a mis chicas que aún estoy en peligro. Parte del entretenimiento es el miedo que siento, y desde aquí, audiciono para vivir matando a una estudiante de último año. Cuando aparece la luna, nos dejan olvidados en cajas de madera fina, y cuando el sol sale, nos mantienen cerca con correas y diamantes. Hace dos meses que no como comida humana ni voy a misa. Viajar en avionetas es nuestro principal castigo y las uvas confitadas nuestro inalcanzable premio. Sufro yo, y todos sufrimos. Ellos hicieron nuestros ojos azules y nuestras manos asesinas. Salimos a cazar jirafas a la noche, y coleccionamos uñas coloradas y arañas muertas, pero, por más que suene todo tan interesante, sostengo que me hubiera gustado poder decidir, creo.

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