domingo, mayo 31

Cuando sea grande, quiero ser como vos... X

Aquí estamos después de un tiempo, en ésta sección en la que presento imágenes de fotógrafos conocidos (y no tanto), para deleitar un rato los ojitos y el alma, propios y de quienes quieran, por supuesto...

Ésta vez, y sin demasiada introducción ni palabrerío, en la improvisación que tiñe mi falta de tiempo, les traigo el trabajo de un fotógrafo y una fotógrafa que vengo siguiendo hace días y que uno aquí, porque entre sus fotografías, interesantes y bellas todas, cada uno tiene un trabajo en particular que logró interesarme por sobre el resto. Algo en común entre ambos proyectos, sí... ya irán viendo.

El primero, es Denis Dailleux, un fotografo francés que trabaja principalmente con seres humanos; elegí tres fotografías de su trabajo "My aunt Juliette" en las que él retrata, de forma bastante particular y en el pueblo de su infancia, a su tía abuela.








Sarah Faust por otro lado, es una fotógrafa estadounidense que realizó, entre otras, una serie de fotografías retratando a su madre, principalmente, pero participando también en las imágenes ella misma y su hija.








Fotografías originales y muy bellas a mi parecer, cambiando un poco el punto de vista y corriéndose ambos artistas de la concepción actual de belleza, casi, casi, sinónimo de (cierta) juventud. Sus retratadas desbordan los bordes (valga la redundancia) de las fotografías, y por eso, y quizás porque trabajos así son a los que estoy "aspirando" incluyo en mi blog a éstas personas.

Como siempre, comentarios o cositas que quieran acotar, abajo.

Abrazos.

miércoles, mayo 20

¿Qué estoy leyendo?


Y hacer todo el camino entre vírgenes y demonios. Las vírgenes, tiesas bajo el vestido azul. Muchos intentan llevarlas y venderlas como muñecas. Tienen trenzas que se destrenzan y vuelven a trenzar. Y los demonios enmascarados. Saltan de adentro de los pimpollos de rosa y se posan en mi mano, y se van, pero queda, siempre, una vena rota. Grito en silencio.


La flor de lis, de Marosa di Giorgio

domingo, mayo 17

Cuando las palabras no alcancen... (Veinticuatro)

Cuando me despierte cada día y no entienda ni quiera entender por qué estoy viva.
Cuando no recuerde el sabor de las manzanas ni el color exacto de una nube atardeciendo.
Cuando el agua fría, valiente, queme, y el fuego me obligue siempre a llorar mucho de a ratos.
Cuando en las escaleras tropiece, en los micros me caiga, en las plazas me pierda y la ciudad siga siendo tan nueva como al principio.
Cuando la piel se te caiga a pedazos del cuerpo y tus dientes y labios se mezclen con ella.
Cuando el viento sea subterráneo y los árboles no dejen nunca salir a los pájaros.
Cuando la entrada a mi casa sea cemento, y el cemento esté fresco y la frescura apriete y seque.
Cuando mis manos y pies funcionen a monedas y solo tenga cerca, la SUBE.
Cuando la música se llame silencio y el silencio también y nada, absolutamente nada, suene.
Cuando no sepa si es de día o de noche, si el sol sigue gordo y pleno y la luna sea, aún, redonda.
Cuando el tiempo no me condicione, ni me motive, no me movilice y sólo esté en un reloj que nadie encuentra.
Cuando las voces de la gente que conozco se pisen y se pisen y, además, hablen latín y no se entiendan entre ellas.
Cuando la oscuridad me abrace y me asfixie y no pregunte ni mi nombre.
Cuando no sepa mi nombre, y lo único que quiera sea tirarme del cielo.

...y aún así, cuando las palabras no alcancen, nada, nada de esto, va a importar.

escrito a pedido para Producción de textos cátedra B. FBA. UNLP. 2015

sábado, mayo 9

i lu mi na dos






puesta en escena primer trabajo de iluminación y cámara. ¡más!